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Diagnóstico

Cómo distinguir en casa una fuga, una filtración, la capilaridad y el vaho

9 min de lecturaActualizado el
Gotas de condensación en el cristal de una ventana de aluminio, con moho en la esquina del marco

Respuesta corta

Mira dos cosas antes que nada: el contador y el calendario. Si el contador se mueve con todo cerrado, tienes una fuga en la red de agua. Si la mancha aparece o crece en los días de temporal y se queda quieta cuando escampa, es agua de lluvia entrando por fachada. Si sale moho negro en esquinas frías, detrás de armarios y en el techo del baño, es condensación, que es lo más frecuente de todo. Y si la humedad se queda pegada al rodapié y al primer palmo de pared, es capilaridad desde el terreno.

Cuatro humedades distintas que dejan manchas parecidas

A ojo, una mancha marrón en el techo y una mancha marrón en el rodapié se parecen bastante. Debajo hay cuatro fenómenos que no tienen nada que ver entre sí y que se reparan de cuatro maneras distintas, con presupuestos que van de cero euros a levantar un suelo.

La fuga viene de una tubería de agua limpia o de un desagüe y es la única de las cuatro que gasta agua medible. La filtración de lluvia entra por fachada, cubierta, terraza o carpintería, y depende del viento y del temporal. La capilaridad sube desde el terreno por los muros de las plantas bajas. Y la condensación no entra por ningún sitio: es el vapor que ya está dentro de casa, que se convierte en agua líquida al tocar una superficie fría.

La prueba del contador, paso a paso

Es la comprobación más útil que puede hacer cualquiera sin herramientas y descarta o confirma la fuga en un par de horas. Cierra todos los grifos de la casa, comprueba que no hay lavadora ni lavavajillas en marcha y que nadie va a tirar de la cisterna. Si tienes riego automático o una caldera que rellena sola, desconéctalos también.

Anota entonces la lectura completa del contador, con todos los decimales, incluida la aguja pequeña o la ruedecilla roja. Si el contador lleva un testigo giratorio fino y ese testigo gira con todo cerrado, ya tienes la respuesta.

Si no gira, vuelve a mirar dos horas después sin haber usado agua. Misma lectura significa que la red de agua limpia está estanca y que tu mancha no es una fuga de presión. Lectura distinta significa fuga activa, y conviene localizarla con equipo antes de que la humedad se coma el tabique. Ojo con una trampa habitual: una fuga de desagüe no mueve el contador, porque el agua ya se ha consumido. Si el contador está quieto pero la mancha aparece justo debajo de una ducha y solo después de ducharse, mira el desagüe, no la tubería de entrada.

El calendario de lluvia: la prueba que no cuesta nada

La lluvia es una herramienta de diagnóstico gratis. Una fuga de agua no sabe si fuera llueve o hace sol; una filtración, sí. Basta con comparar cómo se comporta la mancha en días secos y en días de lluvia.

Haz una foto de la mancha con el móvil, sin retoques y desde el mismo punto, y repítela una vez por semana. Si crece siempre al mismo ritmo con la calle seca, es fuga. Si el borde avanza a los dos días de un temporal y luego se queda parado durante una racha de días soleados, es agua de lluvia entrando por fuera.

Cuando sea filtración, fíjate además en la orientación. Las fachadas que reciben el viento cargado de agua se mojan de otra manera que las abrigadas, y una mancha que solo aparece con temporal de un rumbo concreto apunta a un encuentro de carpintería, a un alféizar o a una junta de fachada, no a la fontanería.

Cómo se reconoce la condensación

La condensación no entra por ningún sitio: la fabrica la propia casa. Una ducha, tres coladas tendidas dentro y una olla al fuego meten en el aire varios litros de agua al día, y ese vapor tiene que salir por algún lado.

Junta eso con una vivienda templada, cerrada y con carpintería estanca, y el vapor que generan una ducha, tres coladas y una olla no tiene por dónde marcharse. Se condensa donde la superficie está más fría: el rincón que da al patio, el techo del baño, la pared que queda detrás del armario empotrado, el marco metálico de la ventana. Esa es la firma de la condensación, y por eso las manchas dibujan las esquinas y salen en forma de moho negro punteado en vez de cerco marrón.

La otra señal es el gotero de la ventana por la mañana. Si amaneces con agua en el marco y con la casa cerrada toda la noche, el problema no es una tubería; es que el vapor de la propia casa no tiene salida. Diez minutos de ventilación cruzada cada mañana, campana funcionando mientras se cocina y la puerta del baño abierta después de la ducha resuelven una parte enorme de estos casos sin gastar un euro.

Capilaridad: la humedad que sube desde el suelo

La capilaridad se reconoce por dónde se queda. Sube desde el terreno por el muro y se detiene a una altura bastante constante, entre el rodapié y el primer medio metro, con un borde horizontal claro. Suele traer sales blancas que revientan la pintura desde dentro y que vuelven a salir por mucho que se rasque y se repinte.

Es un problema típico de plantas bajas y de edificación antigua sin barrera contra la humedad, sobre todo donde la solera se apoyó directamente sobre el terreno.

Aquí conviene decir lo que no funciona: pintar con una pintura antihumedad. Sellar la cara vista no seca el muro, solo obliga al agua a salir un poco más arriba y a reventar la pintura nueva un par de inviernos después. Y esto no es un trabajo de fontanería: si el contador está quieto y la mancha no depende de la lluvia, lo que necesitas es un tratamiento del muro, no que nadie te pique una tubería.

Cuándo dejar de mirar y medir con equipo

Cuando el contador se mueve pero no aparece agua por ningún sitio visible, es momento de localizar sin romper. Ahí entran el gas trazador, que se inyecta en la tubería vacía y sale por la rotura, la cámara termográfica, que ve el rastro de temperatura de un tubo de agua caliente bajo el suelo, y el geófono o el correlador para tramos enterrados.

También toca medir si el recibo sube sin explicación o si se oye un siseo constante con todo cerrado. Y si lo que pierde presión es la caldera, eso es circuito de calefacción y no mueve el contador.

Como orientación, una localización de fuga con equipo parte de 90 €, y ese trabajo tiene un valor por sí mismo aunque después repares tú: sales sabiendo dónde está el agua y con qué hay que abrir, en vez de picar tres metros de tabique a ver si hay suerte. El precio final se cierra por escrito antes de empezar.

Lo que no conviene hacer antes de saber qué tienes

No piques. La roza exploratoria a ciegas es el gasto más inútil de este oficio y encima obliga después a reparar el alicatado. No repintes tampoco: tapar la mancha borra la única prueba que tienes de si crece y a qué velocidad, y en una reclamación al seguro o a la comunidad esa progresión es justo lo que se pide.

No instales un deshumidificador dando por hecho que es condensación ni contrates un tratamiento de muro dando por hecho que es capilaridad. Primero la prueba del contador y dos semanas de fotos con fecha; cuestan cero euros y descartan la mitad de las hipótesis.

Si después de eso sigues sin tenerlo claro, cuéntanoslo por el formulario con las fotos y las fechas, indicando si la mancha está en techo, en pared o en rodapié y si empeora con la lluvia. Con esa información se puede orientar el diagnóstico antes incluso de mover un equipo.

En resumen

  • El contador quieto durante dos horas descarta la fuga de presión
  • Una fuga de desagüe no mueve el contador: mira si aparece solo tras ducharse
  • Moho negro en esquinas frías y ventanas mojadas al amanecer es condensación
  • Foto semanal con fecha: la mancha que crece con la lluvia entra por fuera

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